¡Cristo ha resucitado!

¡Queridos co-celebrantes hermanos,

ínocos y todos los creyentes hijos de la Iglesia Ortodoxa!

¡Cristo resucitó!

Esta salutación se compone tan sólo de dos palabras. Cortas, pero llenas de aquella fuerza vital, de aquella solemnidad grandiosa, de aquella luz indecifrable, a los cuales no han podido debilitar dos mil años de las más pesadas pruebas y tribulaciones. «Y la luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella» (S. Juan. 1,5).

¡Cristo resucitó!

Así nos dirigimos a cada uno de nuestros parientes y cercanos a nosotros en la fe, intentando compartir con ellos el gozo de la Resurrección de Cristo, la cual llena nuestros corazones. Atrás de cada uno ha quedado el Gran Ayuno, lleno de dificultades, pruebas, esfuerzos de tipo espiritual y físico. El camino de las oraciones, las luchas con las propias pasiones y el acercamiento al Señor.

¡Cristo resucitó!

El Gran Ayuno, en verdad, se ha acabado, llego a su término y nosotros, con ustedes, a través de las puertas abiertas entramos al templo todo iluminado e impregnado de alegría. Oímos y cantamos de todo corazón los cánticos pascuales, percibimos la fragancia del incienso, nos sentimos como rodeados de los santos, los cuales sin pronunciar palabra alguna, pero con ojos llenos de paz y amor nos miran con sus sagradas imágenes. Y profundamente creemos que, al completar nuestro camino terrenal con todo el corazón vamos a participar de tal inexpresable, eterna belleza pascual del Reino Celestial.

¡Cristo resucitó!

Estas palabras se pronunciaron hoy en las remotas fronteras de nuestra Patria, de nuestra Iglesia, a orillas del mar Pacífico. Y luego, hora tras hora, ciudad tras ciudad acompañados de los primeros rayos del sol naciente fueron oídos bajo los arcos de todas las iglesias ortodoxas en Asia, Europa y el corazón de nuestra Patria, Moscú. Hasta que, por fin, la hora pascual llegó  hasta las costas del mar Atlántico, a las tierras de Sudamérica.

¡Cristo resucitó!

Digámonos unos a otros, hermano a hermano, aquí y ahora en este templo Ortodoxo, en esta noche Pascual. Y de ese modo, expresemos y revivamos ese acontecimiento central en nuestra vida y en la historia de la humanidad: la Resurrección de Cristo, la que nos libró de la muerte eterna, la que nos abrió las puertas del Reino Celestial y que nos anunció la vida eterna en Cristo y con Cristo. Amén.

Христос среди нас!

¡Cristo está entre nosotros!

Христос воскресе!

¡Cristo resucitó!

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